Cuentos Del Cero by Luis Balbuena

Cuentos Del Cero by Luis Balbuena

Author:Luis Balbuena
Language: es
Format: mobi
Tags: sf
Published: 2010-08-16T23:00:00+00:00


La expectación había crecido. Perséfone y Hades no ocultaban su ansiedad por conocer el desenlace de lo que allí estaba ocurriendo.

Una vez que las sombras indicadas ocuparon las cabezas del can, Sineta, con gran seguridad, se acercó a la ahora dócil fiera y dijo:

—Esta bolsa que llevo contiene cinco manzanas; tres son de oro y dos de plata. Voy a colocar una sobre cada cabeza.

Extrajo una manzana de la bolsa y asegurándose de que Eurídice no la viese la colocó sobre la cabeza que ocupaba. Hizo lo mismo con Ulises y lo mismo con Aquiles. Al final, cada cabeza tenía encima una manzana que no había visto aunque sí podía ver las manzanas que estaban encima de las otras dos cabezas.

—Y ahora —dijo Sineta, la de la mente clara, con gran solemnidad y rompiendo el espeso silencio que allí existía— ha llegado el momento trascendental: quiero que me diga cada uno de qué es la manzana que lleva sobre su cabeza: de oro o de plata.

De nuevo se reanuda el silencio angustioso. Todas las sombras se habían parado. El matrimonio de las Tinieblas miraba fijamente la cabeza de Eurídice. Ésta, en poco tiempo hizo mover la boca del monstruoso can para articular esta frase:

—Hay una manzana de oro sobre la cabeza que ocupo.

Un prolongado ¡oh! resonó en todo el Hades. ¡Era cierto!, ¡su manzana era de oro!

Hades ordenó a la sombra de Eurídice que se situase junto a él.

—Quiero que me expliques cómo has sabido que tu manzana era de oro.

La voz de Eurídice sonó suave y segura. Esto fue lo que le dijo:

—Es claro que no hay dos manzanas de plata sobre nuestras cabezas porque si fuese así, la cabeza que las viese sabría inmediatamente que la suya era de oro y esto no lo ha dicho ninguna de las otras dos cabezas. Por tanto tan sólo podría haber una de plata. Si la mía fuese de plata, cualquiera de ellos al ver una de oro y otra de plata (la mía), sabría que la suya es de oro porque si también fuese de plata la cabeza que tiene la manzana de oro habría hablado inmediatamente y esto no ocurrió. Como ninguna de las otras cabezas habló, he deducido que la que corresponde a la mía es de oro.

Hades y Perséfone no pudieron ocultar su alegría por lo acontecido e inmediatamente dieron órdenes para que ambas, Sineta y Eurídice, pudieran abandonar su tenebroso reino y así Eurídice volviese junto a su amado Orfeo.

Y Sineta continuó en los brazos de su destino.



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